Hace unos días pasó una señorita muy simpática. Se presentó como la productora de una película independiente titulada “el desierto negro”. Un film hecho en 35mm, blanco y negro. No ví aún la película, pero si escuché atentamente el cd que dejo para vender. Está compuesto por Ezequiel Menalled, argentino radicado en Holanda. El disco está muy bien, para aquellos que gustan un poquito de la contemporánea. Con cuerdas, vientos (hay un clarinente bajo, cuyo timbre adoro). La obra pasa por momentos donde los instrumentos quedan en un mismo plano generando texturas interesantes. Tiene un motivo (desierto negro) que se toca tres veces a lo largo del cd, primero en cuarteto de cuerdas, luego en guitarra y finalmente en cello.
Con Florencia estuvimos hablando de la dificultad de ser independiente, de las distribuidoras y sus falencias, de como se puede armar una movida chica pero interesante, de como hacer conocer el material. Es un tema complicado que puede llegar a frustrar al mas perseverante. Pasan muchos músicos independientes por la disquería, hay mucha oferta de músicos que sacan un disco y a veces se vuelve complicado. Todo no se puede, todo es demasiado. Escuché a alguien decir por ahí que no estaba de acuerdo con el concepto democrático que cualquiera pueda sacar un disco. Es un tema arduo de discusión. Por un lado se puede decir que está bueno que cada persona que quiera grabar, que grabe.Y por otro es tal el aluvión de material que se empieza a hacer difícil separar la paja del trigo.
También semejante cantidad de discos dando vueltas, de alguna manera, dificultan a los mismos artistas ya que su material es una gota en un mar de producciones independientes. Muy pocos realmente logran sobresalir de esa llanura de discos, y no en el sentido estético, hay muchos que no logran despegar de ese mar y son buenisimos y es una lástima. Es difícil el lugar del artista independiente hoy: tiene que ser en la mayoría de los casos compositor, intérprete, productor, inversionista, distribuidor, cobrador, manager. ¿Como no frustrarse, no hartarse? Los músicos deberían dedicarse a eso, a ser músicos, y tener un soporte en la distribución. Pero son tantos los independientes que es imposible. Muy pocos sellos se dedican a “buscar joyitas” independientes e intentar moverlas. Es un efuerzo enorme por un pequeño rédito económico.
Algunas disquerías son los únicos lugares en la cadena del cd (salvo algunas excepciones) donde el disco se junta con el amor por la música, y no es un mero producto de catálago al cual se refieren a él con un código alfanumerico. La industria no es más que un desierto negro para los músicos independientes. A otros les va mejor, pero para una ínfima minoría (estoy tentado de decir nadie) es un edén.
Febrero 20, 2009 a las 10:09 pm
Creo que muchas veces hay músicos que no prestan demasiado atención al material que han producido, si bien hay mucho material independiente de excelente calidad, la facilidad para grabar también trae música que debiera ser puesta a buen resguardo, o volver a la sala de grabación, en el mejor de los casos.
Entiendo que el mundo que alguna vez amé, tanto aquí, como en otros rincones del mundo, en que uno entraba a una “disquería” (joder, poner entre paréntesis esta palabra, como si no existiera, duele), miraba, escuchaba, olía, ya no existe, ni siquiera para los músicos no independientes.
Pero mientras se persista en construir islas en lugar de puentes, y volviendo a esa palabra tan hermosa, “joder”, y sus matices, estamos jodidos.