Pascual era el corredor de un sello de tango llamado “Euro Records”. Un hombre mayor que puntualmente llegaba todos los miércoles por la mañana con su saco, su corbata, maletín y prolijamente peinado. Y siempre con una sonrisa. Le pasaba la banqueta, lo invitaba un café y charlabamos durante aproximadamente una hora, luego le pasaba el pedido de discos, y nos despedíamos.
Las charlas eran variadas. Muchas veces Pascual me contaba anécdotas de cuando trabajaba allá en los 60 en la EMI, del funcionamiento de las compañías por esos momentos (radicalmente diferentes al de ahora), de como comenzó como vendedor inexperto en una zona que nadie quería y terminó como gerente de ventas, la preocupación de que todos los vendedores conozcan y escuchen de que se trata el material que salían a ofrecer.
A Pascual la vida lo golpeó duro hace unos años, una nieta de él falleció en la tragedia de el colegio Ecos, cada vez que rozaba el tema se le llenaban los ojos de lágrimas. Aún ante semejante adversidad se repuso (como pudo) y siguió adelante, cuidando de los suyos. Siempre me hablaba de sus hijos, del viaje en crucero que no hacía mucho le habian regalado, de como lo había disfrutado junto a su mujer, de lo sorprendente del viaje. Pascual era un hombre mayor que no había perdido el niño que se sorprende, se maravilla, se alegra con las pequeñas cosas de lo cotidiano.
A veces no quería aceptarme el café porque nunca lo dejaba pagar, era orgulloso, pero en el mejor y más noble de los sentidos. Yo le insistía – Pascual, por favor, Ud es el invitado acá, de ninguna forma lo voy a dejar pagar…! Un caballero, un hombre que sabía del valor de la palabra. Todo aquél que trabajó con él no tiene más que buenos recuerdos.
Falleció la semana pasada, me enteré exactamente ayer.
Pascual, solo quedan palabras de gratitud. Los miércoles eran mañanas que esperaba para encontrarme con vos, charlas que se extendían sobre nuestras obligaciones. Sabelo Pascual, voy a echar de menos esas mañanas, te voy a extrañar muchisimo. Más que un proveedor eras un querido. Ya nos volveremos a ver, hasta siempre.
Junio 6, 2008 a las 1:08 pm
Muy bueno Mariano !!!!! un fiel retrato de lo que fue Pascual !!!!
Abrazo.
Jorge
Junio 7, 2008 a las 9:14 pm
Un tango, delicado, triste, de vida, en la calle Corrientes.
abrazo
marce
Noviembre 14, 2008 a las 6:38 pm
Hola mariano ahora entiendo porque cuando voy a la disqueria, me siento como en mi casa, sucede que tu relato es conmovedor, estoy seguro que Pascual tambien estara emocionado.