Después de ausencias innecesarias e historias que aburrirían, vuelvo. “Pero si yo siempre estoy llegando”, diría Troilo en su recitado “Nocturno a mi barrio”.
Hablemos del gordo, y hablemos del polaco.
Hipólito, el amigo de la librería (o Hipo, despúes de compartir con él unos tubos de vino que habiliten llamarlo de esa manera), me contó esta pequeña historia: Goyeneche se había ido de gira durante un tiempo, y a su regreso se reencontró con Troilo, su gran amigo. Se abrazaron como se pueden abrazar dos queridos. El abrazo duro lo que tenía que durar, y más: Goyeneche no lo soltaba a el gordo, lo tenía como atrapado entre su brazos. Troilo, al ver que no lo soltaba, le deslizó por lo bajito: “Polaco, largá que lo del hombro es caspa!”
Increíble, sencillamente increíble.
Etiquetas: anéctoda, gordo, goyeneche, polaco, tango, troilo
Noviembre 25, 2008 a las 4:51 pm
Siiii! Esa anécdota es genial!!! Junto con la de “parpadeen que está la cana”!!! Una maravilla!
Glorioso retorno, amigazo.
Abrazo!
Kauf
Noviembre 29, 2008 a las 12:49 am
Muy bueno Mariano! Lo que vas escribiendo y esta anecdota en partiicular. Con lo de pascual D´Agostino se me pianto un lagrimon. Exitos